miércoles, marzo 15, 2006

Alfabetizados

¿El arte de escribir?
No, el arte de consolarse, de convertir en “posible” lo que es de hecho, y que no nos gusta.
Nada más.
Si la calle es gris, y el tren me deprime, y la gente que vive en el vagón abandonado de la estación me da ganas de llorar, entonces escribo. Lo digo y pareciera no afectarme tanto. Aunque me vuelva a afectar después. Pero mientras lo escribo, mientras lo escribo lo cambio, lo aliviano, le saco un poco de crueldad a este mundo vacío y aburrido.
Plástico, injusto, amarrete.

El que escribe solo dice. Y no dice nada que no conozcamos. Nada que no hayamos visto ni sepamos. El que dice, solo dice. Juega a que lo que cuenta, no cuenta. Es mentirita, es ficción. Juega a que con su letra salva a la humanidad de lo inevitable: la putrefacción.

El mundo a mi me cae pesado. Y me hace doler la nuca y entre los ojos. Me hace transpirar y me cansa.
El mundo visto desde acá, desde mi escritorio, es igual de inmundo que siempre, pero lo puedo volver lindo, colorido. Justo. Rico.

La calle y su olor, y la gente y el ruido se convierten en material de redacción, nada más. Una perversidad más del hombre y su vanidad.


Y nada menos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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